El día que RRHH quedó expuesto
- Matías Vila

- 8 jul
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 26 ago
En El Mago de Oz, todo parecía controlado por una figura poderosa, sabia y mágica. El Gran Mago imponía respeto, resolvía problemas, daba instrucciones. Hasta que un pequeño perro —Toto— corre la cortina y revela la verdad: el mago era solo un hombre común, apretando botones, moviendo palancas, oculto detrás del espectáculo.
La ilusión se desmorona. La autoridad basada en misterio se transforma en una escena incómoda. Y entonces, surge la verdadera pregunta: ¿qué queda cuando se cae el telón?

Durante años, Recursos Humanos en las organizaciones operó desde un lugar similar. La logística de la fiesta de fin de año, las tarjetas de cumpleaños, las firmas de cartas y documentos, las capacitaciones obligatorias, las evaluaciones de desempeño. Todo lo que el negocio no sabía (o no quería) hacer, quedaba en manos de RRHH. Con eficiencia. Con compromiso. Y muchas veces, sin cuestionarlo.
Y mientras lo operativo "que alguien tiene que hacer" se sostenía, nadie exigía demasiado impacto estratégico. Porque mientras el telón siguiera puesto, todo se veía necesario.
La IA vino a correr la cortina
La llegada de la inteligencia artificial generativa (GenAI) no solo está automatizando tareas. Está desenmascarando el tipo de valor que RRHH venía defendiendo.
Hoy, herramientas como ChatGPT o Gemini redactan políticas internas, resumen encuestas abiertas, estructuran mensajes para líderes, identifican patrones en datos de rotación, y proponen escenarios de planificación en minutos.
Lo que antes requería horas de trabajo, hoy se resuelve con un buen prompt. Sin drama. Sin desgaste. Sin tanto PowerPoint.
Entonces, la pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿Qué va a hacer RRHH ahora que se le corrió la cortina?
Lo que queda cuando no hay donde esconderse
Lo más incómodo de este momento no es que la IA haga lo que hacía RRHH. Es que lo haga mejor, más rápido y sin pedir presupuesto extra.
Pero eso no es el fin. Es el comienzo. Porque ahora, con el rol operativo resuelto, RRHH tiene la oportunidad de asumir el rol que siempre dijo querer: ser un actor estratégico, un diseñador de experiencias, un catalizador del cambio.
Claro que para eso, hay que aprender de nuevo.
Lo que RRHH necesita aprender hoy
Pensar como diseñador: ya no se trata de ejecutar. Se trata de diseñar experiencias intencionales, humanas y con impacto. RRHH debe preguntarse: ¿cómo se vive trabajar acá? y aprender que la cultura no pasa por accidente. Se diseña.
Leer el contexto, no solo los datos: la IA analiza dashboards. Pero solo el alma humana percibe tensiones culturales, emociones colectivas, silencios incómodos. Ahí está el insight que vale.
Influir sin pedir permiso: RRHH no puede seguir esperando que lo inviten a la conversación estratégica. Tiene que llegar con propuestas claras, datos relevantes y una narrativa potente. Y si, en idioma de negocio.
Facilitar conversaciones difíciles: La IA puede darte las palabras. Incluso puede decirle a un líder que su equipo no confía en él. Pero no puede acompañar el impacto de lo que se dice o se deja de decir. Eso todavía es humano. Y ahí es donde RRHH tiene una de sus mayores responsabilidades: sostener lo que duele, para abrir lo que transforma.
Probar, fallar y aprender rápido: el mundo ya no premia la perfección, sino la capacidad de aprender en ciclos cortos. RRHH necesita adoptar la lógica del prototipo: hacer, medir, ajustar rápido.
Volvamos a Oz. Cuando el mago queda expuesto, parece haber perdido todo poder. Pero es entonces cuando demuestra su verdadero valor: no como figura grandiosa, sino como alguien que puede ayudar a los demás a descubrir quiénes son, qué buscan y qué necesitan para avanzar.
Eso es lo que puede hacer hoy un equipo de RRHH que deja de esconderse. No seguir sosteniendo el telón… sino ayudar a otros a ver más claro.
Ahora, el protagonismo está disponible. La pregunta no es si RRHH va a ser reemplazado. Es si está listo para dejar de operar palancas desde atrás… y salir al frente a liderar el cambio.




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